Los fabricantes y los concesionarios de coches quieren que cambiemos de utilitario cada cuatro años. Exactamente el periodo de tiempo que los vehículos tardan en liberarse de las redes posventa del constructor. Y por eso sus portavoces copan el espacio y el tiempo de las secciones de economía y motor en periódicos, radios y televisiones repitiendo una y otra vez que nuestro parque de vehículos es viejo, peligroso y contaminante. La idea que están inoculando en la opinión pública es algo así como que los coches entrados en años representan un serio problema de seguridad vial y son terriblemente contaminantes. ¡Acabáramos! Un coche nuevo es más seguro y ecológico. Impecable razonamiento. Sólo les falta ahora, cayendo como cae la confianza del consumidor, hinchándose como se hincha el pastel de las cifras del paro, que propongan abiertamente mejorar las cifras de accidentes de tráfico y la calidad del aire que respiramos estableciendo el cambio de coche, por decreto-ley, cada cuatro años.
Seguridad vial y medio ambiente debían de ser dos de los argumentos comerciales y de presión ante las administraciones, de "contribución a la sociedad" (como acostumbra a decir la patronal de los concesionarios en la tele), más utilizados por los agentes de la posventa multimarca. Eso suponiendo que algún día los colectivos independientes se decidan a ir a la caja tonta o a articular una campaña de comunicación como Dios manda apoyándose, por ejemplo, en las asociaciones de consumidores o clubes de automovilistas. Pero mientras las asociaciones del sector se deciden a llamar al Mario Arnaldo de turno, que les va a costar un par de comidas, no estaría de más que quienes sirven al multimarquismo, quienes ofrecen la mejor relación calidad-precio en la prestación de servicios de mantenimiento y reparación de vehículos, defendieran ante sus clientes que mantener el coche es tan ecológico y contribuye tanto a la seguridad vial como llevar siempre coche nuevo. Y más barato.

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